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Los escándalos de corrupción en tiempos de la 4T



Julio y agosto han sido los meses de los escándalos de corrupción. Como actor central está Emilio Lozoya. Con la sentencia de vinculación a proceso, el escándalo se pausó y promete reavivarse para los siguientes meses.


Son sucesos en los que toda la sociedad participa con diferentes roles y provocan diferentes efectos. Entender cómo funciona el escándalo político ayuda a anticipar las siguientes jugadas del Gobierno federal en las investigaciones de corrupción.


¿Por qué importan los escándalos de corrupción para la 4T?


Los escándalos son sucesos públicos que conmocionan a los ciudadanos por la transgresión social que implica el hecho. Son tragedias expuestas a la luz de los medios de comunicación y sujetas al escrutinio público. Para los espectadores, son luchas sociales libradas en la esfera simbólica de la política.


Los escándalos no surgen espontáneamente. Las condiciones sociales permitieron su aparición, desarrollo y efectos. En México, desde el sexenio pasado, la corrupción se volvió un tema que fomenta indignación y desaprobación pública. El actual Gobierno federal capitalizó estas emociones en una narrativa de revancha que subyace a la #CuartaTransformación.


Escándalos como el de Lozoya son posibles en sociedades hambrientas de justicia. Y estos sucesos están siendo aprovechados para reforzar las promesas de campaña de AMLO que empezaron en 2018. No es fortuito que instituciones federales (como la FGR, la ASF, la SFP o la UIF) sean quienes revelan a los medios información sobre el avance de investigaciones de casos de corrupción.


El papel de los medios y las redes sociales


Una noticia se vuelve escándalo hasta que es pública. Recibir sobornos por Odebrecht fue un acto privado hasta que investigaciones periodísticas lo volvieron un asunto público. Un escándalo se caracteriza por una dramaturgia de ocultar y relevar.


Por ello, los medios participan en la construcción de los escándalos. Ayudan a incluirlo en los temas que configuran el debate público y, por su alcance, son los principales difusores del escándalo. Son denunciantes que aumentan la visibilidad del hecho. De allí la preocupación de la FGR por encontrar alternativas para comunicar las audiencias de Lozoya y el llamado del presidente a difundir el video.


Además de ser visible, una noticia se vuelve escándalo hasta que alguien se escandaliza. Estos hechos necesitan audiencia que los desapruebe. La transgresión de los escándalos existe en cuanto se enuncia. Es aquí donde juegan un papel fundamental las redes sociales.


Si no hay un tweet o un trending topic de indignación frente a la noticia, no hay escándalo. Se requiere de un discurso reprochante, que condene y exprese desaprobación hacia las acciones. Por eso, AMLO invitó a realizar un “tribunal del pueblo”. En otras palabras, invitó a los ciudadanos a volver un escándalo las audiencias de Lozoya.


Los efectos simbólicos de los escándalos


Los escándalos son luchas por obtener o quitar poder simbólico, a partir de afectar la reputación y la confianza que despiertan determinados actores. Los escándalos de corrupción son noticias que ayudan a reforzar la narrativa de la Cuarta Transformación.


Pareciera que tenemos un Gobierno capaz de combatir actos transgresores. Aunque aún no lo hay. En julio sólo vimos una afrenta pública, sin implicaciones reales o pruebas contundentes. Ni siquiera hubo una foto de Lozoya llegando a la cárcel. Por el contrario, trascendió la indignación por el trato preferencial que se le ofreció: tras la extradición fue llevado a un hospital privado. Para agosto, el escándalo ha girado en torno a los videos que se difundieron.


A la par, los escándalos de corrupción deterioran la reputación de los partidos de oposición. Por ello, fue tan relevante nombrar exlegisladores del PAN, sugerir nombres de funcionarios de la administración anterior y compartir videos. Aunque, nuevamente, no se mostraron pruebas claras. Los escándalos requieren evidencias para ser creíbles. Sin ellas, difícilmente la 4T podrá aumentar su poder simbólico y deteriorar la imagen de otros partidos políticos.


Los escándalos de corrupción apenas comienzan. El Gobierno federal seguirá tejiendo sus mejores estrategias para que los medios visibilicen los hechos. Y las redes sociales seguirán siendo espacios para escuchar la indignación de los ciudadanos. El show continuará.


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