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¿El programa Aprende en Casa vulnera el acceso a la educación?


Por Invernaideas


El programa Aprende en Casa y la pandemia del COVID-19 han vuelto a evidenciar uno de los obstáculos del sistema educativo mexicano: la desigualdad. Las condiciones tecnológicas del país, la imposibilidad de asistir a la escuela y la necesidad de continuar los estudios desde casa son claves para comprender los retos de este programa.


Los retos del programa Aprende en Casa


Ante la emergencia sanitaria, la SEP lanzó el programa Aprende en Casa para educación básica. Consiste en transmitir contenido educativo durante 2 horas de lunes a viernes, al igual cuenta con una página web con material didáctico para los estudiantes. El plan busca mitigar los atrasos que la mayoría de niños y niñas tendrán por el cierre de escuelas.


La cantidad de alumnos matriculados de todos los niveles de educación y que han sido afectados por el cierre completo de escuelas es de 34,409,883 para el ciclo escolar de 2018/2019, según datos del INEGI. Aunque, el Banco Mundial estima que son 37,589,612 estudiantes afectados. Éste es el tamaño estimado de los estudiantes a los que se les podría ver vulnerado su derecho a la educación.

La SEP usa algunas tecnologías como la televisión, el internet o la radio para garantizar el derecho a la educación de niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, el programa no contempla el acceso a la tecnológica de la mayoría de los hogares mexicanos.


En primera instancia, la mayoría de jóvenes y niños no cuentan con las condiciones óptimas de aprendizaje: luz adecuada, espacio amplio, elementos que mejoran la concentración. Por tanto, la falta de servicios básicos impide que estudiantes en sectores socioeconómicos menos favorecidos aprendan con este programa.

Por otro lado, las familias no poseen habilidades necesarias o tiempo suficiente para apoyar a los estudiantes. Al tener a más de 40% de la población en estado de pobreza, la mayoría de los padres de familia viven al día y deben salir a trabajar a pesar de la contingencia. Esto se traduce en que los niños deben acompañar a sus padres al trabajo o quedarse en casa; por lo que, no tienen el apoyo familiar para cumplir con los objetivos de aprendizaje.


Por último, la brecha digital impide la aplicación total del programa. Incluso con el uso de la televisión y la radio, aún existen comunidades retiradas donde la conectividad de cualquier tipo es restringida. Por tanto, la falta de infraestructura digital y de comunicación por el territorio mexicano no permite que el programa pueda llegar a todos los estudiantes afectados por la pandemia.


Un reto de la educación a distancia: el acceso a internet


Por ejemplo, la penetración de internet no es la misma en todos los hogares mexicanos. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019, la cantidad de hogares con conexión a internet es de 20,131,852; es decir, 56.4% de los hogares encuestados.


Así, el plan Aprende en Casa se está realizando bajo un panorama en el que la brecha digital del país es grande. Incluso, el problema se agrava al analizar la penetración de internet por las entidades federativas. Dentro de los 10 estados que concentran la matrícula de alumnos del país, se pueden encontrar entidades con amplia penetración de internet; como Estado de México, Jalisco, CDMX o Nuevo León.


Sin embargo, también dentro de los 10 estados con más alumnos se encuentran entidades con los niveles más bajos de penetración de internet. Éste es el caso de Chiapas que concentra 5% de la matrícula del país, pero 50.6% de sus hogares cuentan con acceso a internet. Lo mismo ocurre con Michoacán: posee 3.7% de los alumnos matriculados del país, pero sólo 61.6% de hogares tienen acceso a internet.


A la par, entre las entidades federativas con menos matrícula escolar se encuentran los estados con mayor acceso a internet. En específico, Baja California Sur que sólo tiene el 0.6% de la matrícula escolar del país, pero el estado tiene 81% de penetración de internet. Lo mismo ocurre con Quintana Roo, estado que concentra 1.3% de la matrícula nacional y la penetración de internet es de 81.6%



Fuente: elaboración propia con datos del INEGI.



Las desigualdades en la educación permanecen A partir del anterior análisis, se puede apreciar que el programa Aprende en Casa atenta contra del derecho a la educación. Sobre todo, porque infringe los principios de progresividad y universalidad de tal precepto constitucional. Por un lado, no garantiza la universalidad del derecho a la educación porque no todos los hogares cuentan con acceso a internet, televisión funcional o radio.


En consecuencia, discrimina a los sectores de la población con menores ingresos, ya que requiere de forma necesaria de aparatos tecnológicos que en ciertas zonas del país resultan un privilegio— para garantizar la educación. Para una enseñanza fundamentada en los principios de la educación inclusiva, resulta alarmante que este programa educativo se haya sustentado en una estructura de discriminación hacia estudiantes con menor poder económico.


Al igual, el programa atenta contra el principio de progresividad, ya que los estudiantes que toman clases a distancia son menos que los que en su momento asistían presencialmente a las aulas. Así, aumenta la brecha de desigualdad preexistente en el sistema educativo y agrede derechos consagrados en el primero constitucional y la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación.


México no cuenta con la infraestructura tecnológica ni las capacidades humanas para transitar exitosamente a la educación virtual. A la gran mayoría de los jóvenes del país se les vulnera su derecho a la educación, debido a que no cuentan con herramientas tecnológicas indispensables para acceder al programa Aprende en Casa. Únicamente los estudiantes que tienen recurso a internet, televisión o radio continúan su proceso de aprendizaje. Sólo ellos tienen clases, comunicación con profesores y herramientas suficientes para terminar el ciclo escolar. La falta de una visión que contemple la brecha digital y la desigualdad social lleva a que la política educativa sólo agrave la brecha de aprendizaje ya existente en el país.



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